El Fiat 500C me parece uno de esos coches que demuestran que no todo tiene que girar alrededor de la practicidad absoluta. Es cierto que no es el utilitario más espacioso del mercado ni el que ofrece el mayor maletero, pero tampoco pretende serlo. Su objetivo es otro muy distinto: ofrecer un coche urbano con mucha personalidad y el encanto añadido de poder disfrutar de la conducción a cielo abierto sin tener que dar el salto a un descapotable tradicional.
Y es que esa es, precisamente, una de sus mayores virtudes. A diferencia de un cabrio convencional, el Fiat 500C mantiene los marcos de las puertas y gran parte de la estructura de la carrocería, recurriendo a una capota de lona eléctrica que se desliza hacia atrás. Esto permite disfrutar de una experiencia muy parecida a la de un descapotable, pero manteniendo una mayor rigidez estructural y sin renunciar prácticamente al espacio interior. Además, abrir o cerrar la capota resulta muy sencillo y puede hacerse incluso en marcha a baja velocidad, algo especialmente práctico cuando cambia el tiempo de forma repentina.
En ciudad es donde realmente se siente como pez en el agua. Sus reducidas dimensiones hacen que resulte extremadamente fácil encontrar aparcamiento o moverse entre calles estrechas, mientras que la dirección, muy ligera, facilita cualquier maniobra. Todo ello acompañado de una suspensión orientada al confort que absorbe correctamente los resaltos y las imperfecciones habituales del entorno urbano.
También creo que gran parte de su éxito reside en su diseño. El Fiat 500 lleva muchos años en el mercado, pero ha sabido conservar una estética reconocible que apenas ha envejecido. De hecho, sigue siendo uno de esos coches que despiertan simpatía nada más verlo y que consigue atraer tanto a quien busca un vehículo funcional como a quien valora especialmente el diseño.